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Tras bambalinas

10 de abril 2012 , 09:54 p.m.

Nunca el nombre de una mujer como Piedad Córdoba ha despertado tantas y tan diferentes reacciones en el país; sin embargo -y aunque ella no sea el santo de devoción de muchos-, las personas que han sido liberadas, gracias a sus gestiones, siempre se lo agradecerán. Página aparte son sus declaraciones, su forma de pensar y las ideas que pregona, pero al César lo que sea del César, y muchos han regresado a casa por tan polémica mujer. ¡Eso, de una u otra forma, hay que aplaudirlo aunque no se comulgue con ella, con su forma de ser ni mucho menos con su grupo de Colombianos y Colombianas por la Paz!
 
Este último "proceso" de liberación, ¡por fortuna!, no tuvo el tinte caricaturesco de otras liberaciones. Fue serio y se demostró que no era necesario de grandes comitivas ni de "entregas" por tandas para favorecer la irrisoria publicidad guerrillera; además, la ansiedad de un día más de cautiverio para un secuestrado esperando la libertad, después de tantos años de secuestro, debe ser algo muy parecido a la eternidad. Pero el proceso estuvo a punto de tener su propio bufón de cabecera en primera fila: Rigoberta Menchú. (Aunque se movió detrás de bambalinas.)
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El Premio Nobel de la paz es uno de los cinco premios Nobel instituidos por el inventor e industrial sueco Alfred Nobel. A diferencia de las otras disciplinas premiadas en Estocolmo, el galardón de la paz es entregado en Oslo. Durante su historia ha sido otorgado a 96 personas y a 20 organizaciones desde su fundación en 1901. El Comité Internacional de La Cruz Roja ha sido la organización en ser laureada el mayor número de veces: en 1917, 1944 y 1963.
 
A lo largo de su trayectoria ha tenido algunos reproches o fraudes, como el que se conoció con la historia de Rigoberta Menchú, quien fue galardonada en 1992.
 
En enero de 1982 Rigoberta Menchú Turn se reunió -aquí en París- con la escritora venezolana Elizabet Burgos. (Integrante de diferentes causas rebeldes en Suramérica y quien estaba casada con Régis Debray, el catedrático francés de quien se dice que entregó al Che Guevara al gobierno boliviano.) Luego de dos semanas de continuas conversaciones, se publicó el libro: 'Me llamo Rigoberta y así me nació la conciencia', historia trágica, de ella y su familia, donde se narraba que eran campesinos que cobraban salarios irrisorios trabajando en plantaciones de café propiedad de colonos españoles. Según la historia de su pobreza, Rigoberta solo aprendió español unos meses antes de ir a París, porque nunca fue al colegio.  Su padre, Vicente Menchú, fue golpeado brutalmente por los guardaespaldas del terrateniente, por defender a los campesinos mayas. A raíz de esa golpiza, Vicente Menchú lideró un movimiento de liberación campesina. El gobierno, en represalia, capturó a su hijo, Petrocinio; lo torturó y lo quemó vivo delante todo el pueblo, con Rigoberta como testigo presencial de los hechos. Sin embargo, la verdadera historia fue otra...
 
En 1999, el antropólogo David Stoll se dio a la tarea de investigar los hechos, poniendo al descubierto que la familia Menchú era propietaria de 28 kilómetros cuadrados de tierra. El padre de Rigoberta nunca tuvo que trabajar para los españoles, y quienes le dieron la golpiza fueron los hermanos de su esposa, los Thum, otra familia terrateniente que se disputaba las tierras con los Menchú. Además, no era cierto que Rigoberta no tuviera estudios: fue a la escuela de monjas, donde aprendió el español. Y la cruda historia de Petrocinio tampoco era cierta.
Cuando todo esto se conoció, Rigoberta Menchú tildó a Stoll de colaborador de la dictadura en Guatemala, pero después de varias investigaciones que la pusieron contra la pared de la opinión pública, la guatemalteca solo atinó a decir que eran invenciones fabricadas por la escritora de su historia.  Después de ser revelada, la verdadera trama, se ha pedido que se le retire el premio Nobel a Rigoberta Menchú, pero el comité no se pronunció al respecto.
 
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El viceministro de Defensa, Jorge Enrique Bedoya, fue categórico al afirmar que Menchú podía ir a Colombia mas no participar en el proceso; casi instantáneamente, en los foros de muchos medios y las redes sociales muchas personas -quienes desconocen la verdadera historia de Menchú- se rasgaron las vestiduras opinando contra la "mala y abrupta" decisión del gobierno al no aceptar un 'Premio Nobel' como gestora de primera línea en el proceso. Ella, por su parte, afirmó: "Nuestra delegación es una delegación de distinguidas personalidades, personas que han luchado durante muchísimos años, que 'hemos vivido' en carne propia los conflictos internos y venimos aquí a acompañar". En diferentes oportunidades, cuando contados periodistas no la han inflado por haber sido 'Nobel de Paz' y se le recuerda la historia del antropólogo, entonces, la guatemalteca solo atina a rezongar, refunfuñar, emitir improperios y termina por dar la espalda.
Pero el galardón de la Paz está lleno de estos desaciertos: También han sido reconocidos líderes que han luchado por sus causas e ideales utilizando la violencia. Yaser Arafat (premio Nobel de la paz 1994) fue un líder palestino que comenzó utilizando distintas tácticas terroristas con el fin de la destrucción del Estado de Israel y siempre apareció en público con su uniforme militar. Henry Kissinger (premio Nobel de la paz 1973)  contribuyó con el fin de la guerra de Vietnam más por necesidad de política interna que por convicción pacifista, y después de un tiempo reconoció ante la periodista Oriana Fallaci que Vietnam había sido un error. Se le acusó también de ser el organizador de la operación Cóndor, plan sistemático de "desaparición", para combatir el comunismo en Latinoamérica; implicación directa  en los bombardeos secretos de Laos y Camboya, sin permiso del Congreso, y apoyó al régimen indonesio del general Suharto, acusado de genocidio contra la población de Timor Oriental. Al inventario de equivocaciones se le suma la propia Rigoberta Menchú, quien suscita una revolución indígena violenta contra los blancos. 
 
Pues bien -sin las viscerales opiniones de izquierda o derecha que somos tan dados a ungirle a quien piensa diferente-, considero que Piedad Córdoba sí ha hecho mayores méritos para ser reconocida por su labor. Nunca he estado de acuerdo con muchas de sus declaraciones, y tampoco con los papelones a los que nos han acostumbrado su grupo, pero esta vez el gobierno y todos nosotros -sumándonos al grupo de liberados- sí le debemos a ella un gesto o palabra de gratitud.
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