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El sueño de Baudelaire

Calasso, con su inteligencia y curiosidad poética, demuestra que no todo está dicho en literatura.

06 de abril 2012 , 08:03 p.m.

El libro La Folie Baudelaire, del escritor italiano Roberto Calasso, nace de un sueño que tuvo el poeta francés: la noche cae sobre su inconsciente y él se embarca en un carruaje llevando consigo el primer ejemplar de un libro suyo de carácter "obsceno", tal vez Las flores del mal, para entregarlo a la maitresse de un burdel parisino. La misión no está muy clara y Baudelaire llega descalzo y con los pies enfangados al sitio. El burdel es también un museo, con dibujos arquitectónicos, figuras egipcias, extraños jeroglíficos y fórmulas científicas; es decir, un aleph baudeleriano, provisto de vastas galerías, "mal iluminadas entre sí, de aspecto triste y marchito".

Calasso se sumerge en el sueño del poeta al que compara como a uno de los mejores cuentos extraordinarios de Poe, le da vueltas, y llega a especular que ese burdel-museo para Baudelaire es la instancia de un grado muy alto de la civilización donde asistiremos "al museo del amor", un mundo en el cual todo se corresponda, se intercale y se disfrute sin prejuicios. El mundo libre de la imaginación, que el poeta llamaba "la más científica de las facultades".

Este maravilloso ensayo narrativo también incursiona en las obsesiones de Baudelaire, en sus falsos suicidios, en sus frases pesadas y eléctricas, en su genialidad que lo inspira a decir: "Me contenté con sentir". En su concepto de la analogía, si no hay analogía no hay pensamiento, correspondencia entre las cosas y las ideas y es imposible elaborar la "oscuridad natural de las cosas".

En la relación con su madre Carolina, que llega a la idolatría y también a la galantería ridícula. "Pero yo siempre vivo en ti; tú me pertenecías únicamente a mí. Eres a la vez un ídolo y un camarada". Para los amantes de la pintura y la crítica de arte, el libro es un banquete fabuloso, porque se interna en esa faceta de Baudelaire, que ha sido subestimada, pero que Calasso saca a la luz pública en su máxima intensidad: sus escritos de arte. A Ingres que consideraba un genio, pero que carecía de "fatalidad"; a su amado Delacroix, quien representaba "la parte melancólica y ardiente del siglo". A Degas, Manet, Renoir.

En este raro y bello libro, Calasso, con su inteligencia y curiosidad poética, demuestra que no todo está dicho en literatura. Dedicado a Baudelaire, el irónico por excelencia, aquel que vio el mal como una encarnación física, a aquel que habita en el "desierto de los hombres", y que continúa siendo un faro poderoso y distorsionado para entender la modernidad y sus alocados y fascinantes vericuetos.

ALFONSO CARVAJAL