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El sinsabor de reanudar una vida que jamás será la misma /análisis

La mayoría de uniformados que han regresado a la libertad manifiestan que es difícil el regreso.

04 de abril 2012 , 01:15 a.m.

El mundo que los espera es totalmente diferente del que dejaron y los planes y cuentas que tenían en la selva casi nunca son los que encuentran al regreso.

Y aunque los casos son distintos (unos siguen solteros y otros dejaron una familia que se triplicó o se desintegró), en lo que coinciden todos es en los temores básicos que pocos entienden: un ruido, un olor, una comida o una palabra que les dispara la irascibilidad y los devuelve al campamento y a las cadenas.

"Se encuentra uno con situaciones que pueden ser simples, pero que no se soportan", contó John Frank Pinchao, quien hace cinco años se les fugó a las Farc.

Pero lo más complicado es recomponer las relaciones de pareja. En algunos casos, los exsecuestrados intentaron mantener sus matrimonios o los lazos afectivos con las mamás de sus hijos, pero luego decidieron vivir solos. En otros casos, cuando llegaron, los recibió la noticia de que el matrimonio ya no existía, y algunos más han tenido inconvenientes para rehacer su vida afectiva.

También admitieron que algunos llegan con crisis emocional y sicológica.

REDACCIÓN EL TIEMPO