Archivo

Débora Arango llega al Museo Nacional de Colombia

La exposición se inaugura este 26 de abril en homenaje a la controvertida y siempre vigente artista.

notitle
03 de abril 2012 , 12:14 a.m.

Débora Arango Pérez (1907- 2005), conocida ampliamente en Colombia por su enérgica, arriesgada y novedosa propuesta estética y por su férrea postura al representar la realidad que vivió, pero especialmente por los eventos escandalosos generados cada vez que una exposición suya se abría al público, sigue siendo aún hoy el secreto mejor guardado de la plástica latinoamericana durante la centuria pasada.

El próximo 26 de abril, en el marco del programa 'Homenajes Nacionales', el Museo Nacional de Colombia abre la exposición 'Sociales. Débora Arango llega hoy'. Gracias al apoyo de la Cancillería de la República y al trabajo conjunto del Museo de Arte Moderno de Medellín con el Museo de Arte Latinoamericano de Los Ángeles (Molaa), esta misma exposición será presentada en esta última institución a partir de septiembre de 2012, en The Mint Museum de Charlotte (Carolina del Norte) durante el primer semestre de 2013 y, posteriormente, en el Museo del Barrio, de Nueva York.

El nombre de la exposición da línea a la tesis curatorial de la muestra. La conciencia de los fenómenos sociales, de toda índole, es la constante de las reflexiones contenidas en la obra de esta artista. En un sentido amplio, su trabajo encierra matices claramente autobiográficos, que narran en secuencia una vida difícil para una mujer que abrió camino a otras desde el ejemplo y los contenidos explícitos de su trabajo.

Con una gran facilidad, Débora transitó entre temas que iban de lo público a lo íntimo, sin dejar de tocar lo privado, con una mirada aguda y perspicaz, lo que le valió múltiples afrentas de parte de sectores políticos, religiosos y, sobre todo, de la alta sociedad colombiana.

El acontecimiento es, en suma, el aspecto rector de la obra de Débora, a lo que habría que agregar la movilidad de la representación de la alta y la baja cultura; un trasegar por universos de lo micro, meso, y macropolítico.

En lo micropolítico, se detiene en la idea del rumor que hace aparecer en sus obras seres anónimos, con cierto interés social o de significancia especial para ella, como la exploración del desnudo femenino y la vida monástica.

Lo mesopolítico se presenta en lugares y tiempos de la vida cotidiana: burdeles, cantinas, calles de jolgorio, la fiesta al mismo tiempo que un desfile fúnebre. Por último, lo macropolítico deja ver a la clase dirigente, los dramáticos sucesos históricos de nuestro país, pero también la alta sociedad y su figuración mediática.

En este punto, la sátira adquiere protagonismo gracias a la caracterización de los personajes a quienes ve y representa como bestias, provocando una crítica mordaz que le significó una mirada soslayada y evasiva a su trabajo por parte de la crítica de arte en su momento, cosa que es fundamental entender, pues la idea de la realidad en el arte tiene que ver con su capacidad de generar eco y resonancia en el cuerpo de la época que vive y refleja.

Frente al disenso, el arte queda en un plano de ficción individual. Nadie discute la trascendental tarea del arte de ser testigo y cronista, pero, a la vez, de materializar la realidad. Esta última está determinada por negociaciones entre los que ostentan el poder, y el poder a su vez está dado por la capacidad para definir la realidad.

La política, en un Estado típico, es la encargada de administrar la realidad, a diferencia del arte, que está encargado en primera instancia de representarla, pasando por estadios de excavación de su esencia más profunda y, así, señalar, exaltar o denunciar lo que pasa, ha pasado y pasará.

Los ojos de los artistas son los instrumentos más poderosos para encontrar lo que se cuece bajo la aparente calma de la vida cotidiana.

"Débora Arango llega hoy" fue el titular de una noticia en El Heraldo de Antioquia, en el que se narró el retorno de la artista después de su presentación en el primer Salón Nacional de Artistas Colombianos, en la ciudad de Bogotá, en 1940.

Ahora, esta frase, más allá de ser parte del título de esta exposición, nos permite entender la capacidad de esta artista para referir cualquier suceso presente. Pareciera que permanecer actual fuera su consigna. ¡Qué brillante postura! ¡Qué dolor de realidad!.

OSCAR ROLDÁN-ALZATE