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La fragilidad de las Farc / Análisis

02 de abril 2012 , 11:21 p.m.

Para desgracia de las Farc, su decisión de entregar a los 10 últimos policías y militares, de los casi 500 que se llevaron en su época de 'gloria' como grupo insurgente (1996-1998), coincide con una evidencia fatal para ellas en un momento en el que necesitan mostrarse fuertes para hablar de negociación política: su fragilidad interna.

Más allá del golpe que recibieron con la muerte de 69 guerrilleros en menos de una semana en los bombardeos de Arauca y Meta, lo que esto muestra es que una buena recompensa tiene el poder de volver pedazos a las Farc por dentro. ¿Qué, sino eso, es la muerte de seis jefes del bloque Oriental en un solo ataque? Se logró con ayuda del jefe de seguridad del comandante del frente 27.

Si bien las recompensas ya habían demostrado ser armas mortales contra esta guerrilla, pues las muertes de 'Reyes, 'Ríos', 'Jojoy ' y 'Cano' pasaron por el pago de dinero a informantes internos, se suponía que quienes permanecieron en las Farc tras la oleada de deserciones en medio de la política de desmovilización y las ofertas de dinero, fueron los que estaban dispuestos a morir por el grupo guerrillero.

Pero esa es precisamente la fatalidad de las Farc: los 'leales' están muriendo porque adentro aún hay gente que ya no cree en la vida insurgente, o deseosa de echarse un buen billete al bolsillo.

Por esto, además de haber perdido jefes históricos, la guerrilla de más larga vida en el mundo está perdiendo a sus mandos medios, que no solo son los que aceitan su máquina de guerra con extorsiones, secuestros y narcotráfico, sino los que alientan a la base combatiente. ¿Cuánto aguantarán las Farc si se quedan sin estos soportes? Siempre están listas para los relevos, y a guerrillero muerto guerrillero puesto, pero no todos tendrán la veteranía necesaria.

Todo indica que se habían libreteado para, tras la entrega de los uniformados, ir lento hacia acuerdos humanitarios que las reivindicaran políticamente mientras obtenían un peso específico para una negociación. De eso es prueba el anuncio de terminar con el secuestro extorsivo.
Pero la fragilidad interna y la ofensiva militar del Estado, sumadas, no les darían el tiempo para ir al paso que acostumbran. Esto no quiere decir, claro está, que irán veloces a una negociación. Saben que el 69-11 en el que está hoy frente al Estado (por los guerrilleros abatidos en dos bombardeos y los militares muertos en un ataque en Arauca) es un resultado parcial, y seguramente están pensando en cómo invertirlo. El punto es que en medio de un conflicto que deja muertos, muchos de ellos civiles, no se puede hablar de vencedores y vencidos. Solamente, de lo que analistas del conflicto llaman "un empate mutuamente doloroso". ¿Hasta cuándo están dispuestas las Farc a prolongarlo? Esa es la pregunta.